La Humanidad, en la terera década del siglo XXI, después de la Tercera Guerra Mundial, comenzó una carrera espacial que la llebó a un profundo conocimiento del espacio, a establecer bases en planetas de nuestro sistema solar y a colonizar Alpha Centauri y Vega.
La Luna acabó convirtiéndose en un importante puerto espacial, Marte fue terraformado y usado como base de pruebas para paliar los excesos de la población de la Tierra, en los anillos de Saturno, en Júpiter, en el cinturón de asteroides y otros planetas se establecieron colonias y bases, se construyó la estación espacial Redención, se consiguió la curvatura del espacio, los agujeros de gusaon, que hicieron al hombre entrar en una nueva era y emigrar masivamente a las estrellas.
En pleno desarrollo de los asentamientos terranos en Vega y Alpha Centauri, con terraformaciones de planetas de características similares a Marte concluidas y con millons de hombres y mujeres abriendo paso a una nueva humanidad, hubo un contacto.
El contacto, con seres procedentes aparentemente de la constelación Orión y que como tantas otras para nosotros simplemente era un número y una lucecita en el espacio, ocurrió sin previo aviso. Pese al lógico revuelo y alarma social inicial, dió comienzo una de las épocas doradas de la humanidad, gloriosa y tristemente dorada dicen ahora, no sin razón, muchos historiadores.
Durante años, más de un siglo, los amantes de la ufología y lo oculto habían divagado acerca de la multitud de fenómenos y relaciones entre antiguas culturas de nuestra historia y visitas de seres de otros planetas, Bien, muchos de ellos se convirtieron en auténticos profetas, el ridículo y distanciamiento al que habían sido sometidos por gran parte de la sociedad durante todo este tiempo pasó rápidamente a la admiración y reconocimiento.
Los Ki-engir eran una raza de apariencia y semejanza humana, viajaban en gigantescas naves colmena y se ofrecieron y pidieron permiso para establecerse junto a nosotros en el Sistema Solar, una pausa en su ruta, una pausa decían para abastecerse de Helio (al parecer clave en su tecnología) y partir al cabo de quince o veinte años. Obvia decir que las diferentes naciones de la Tierra y sus colonias entraron en un profundo debate. La raza humana ha sido por naturaleza durante siglos desconfiada, el miedo a lo desconocido imperó en las primeras reuniones. Sin saber realmente el porqué, se acabó dando permiso a las miles de naves que formaban la colmena para abastecerse de Helio en las atmósferas de Urano y Neptuno, a un ritmo de extracción que supondría la permanencia de los Ki-engir en nuestro sistema durante veintitrés años.
Ese fue nuestro primer error.
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